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Entrevistas | Vie, 4 de May de 2018

`Somos como una banda de rock en el concepto´

 

Marcelo Rodríguez es uno de los primeros y más importantes trompetistas del rock argentino. Su nombre artístico viene del trompetista estadounidense de jazz Dizzy Gillespie. Fue su amigo Roberto Pettinato quien lo apodó así, y también el nexo responsable de que Gillespi fuera parte de la última formación de Sumo, y más tarde de la primera de Las Pelotas. Después de haber grabado con grupos como Soda Stereo, Catupecu Machu o los Ratones, Gillespi se volcó más al jazz. Además, también hay otros Gillespis, con diversas facetas. Es un hombre de radio, con sus diferentes programas, es escritor de varios libros, y hace poco volvió a rescatar su personaje humorístico en televisión, Aníbal Hugo, otra vez junto a Gonzalo Bonadeo. El mismo que solía hacer en los noventa en el programa Orsai a Medianoche de TyC Sports, conducido por la dupla Bonadeo-Pettinato.

Gillespi volvió a Rosario el pasado sábado 5 de mayo, para presentarse en el Gran Salón de Plataforma Lavardén. La idea es repasar todo su repertorio y en especial “Desayuno en Ganímedes”, su último disco, realizado junto a Daniel Melero en 2015. Se trata de un trabajo experimental —casi todo instrumental, a excepción de dos canciones—. A la hora de mostrar en vivo un disco así, en una banda que combina el sonido clásico del funk y el jazz con la electrónica, seguramente habrá improvisación y zapadas distendidas, además de los comentarios humorísticos marca registrada del músico.

Antes de llegar una vez más a la ciudad, Gillespi charló telefónicamente con RosarioRock.com. En el comienzo de la conversación, y en referencia a su banda, el trompetista comentó que "estamos tocando algunos temas de este disco, pero también de los anteriores. El show tiene algunos pasajes y un territorio de improvisación total, más libre, un ejercicio que estamos haciendo a partir de “Ganímedes” con los músicos de mi banda, y que tiene que ver con el tiempo que llevamos rodando juntos. Ya son varios años de giras por todo el país, Uruguay, etc. y eso nos permitió abrir un poco más la comunicación musical entre nosotros, y no estar tan cerrado a la hora de ejecutar los temas. Es un muy buen momento del grupo, aquel que venga y nos haya visto en otras oportunidades, se dará cuenta de que hubo una evolución, que no es ni más ni menos que por el camino recorrido."

La continuidad de la banda, para Gillespi, no es un mérito menor. "Es difícil en Argentina sostener bandas, sobre todo de música instrumental. Las típicas de rock se mantienen años, hay toda una mística de pertenencia y de grupos, pero en el jazz los músicos son más volátiles, tienen otros proyectos. Nosotros somos como una banda de rock en el concepto, y en la idea de ir evolucionando hacia un concepto. Estamos en ese camino, después de estar dos o tres años juntos, empezamos a cranear la música de otra manera, el año pasado fue muy bueno para el grupo, con mucha gira y vivencias juntos, que se reflejan en la música que hacemos."

El último disco, “Desayuno en Ganímedes”, lo habían presentado en su momento junto a Daniel Melero, naturalmente en Buenos Aires. "Estuvimos ajustadísimos a las ideas del disco, los temas que él cantaba los tocamos tal cual, pero después hubo espacios de improvisación. Daniel llevó sintetizadores, pero lo cierto es que él fue un productor muy activo en el disco, terminamos haciéndolo entre los dos. Virtualmente fue un dúo. En la vida real, Daniel tiene su propia banda y va para su lugar. Se nos complicaba un poco a nivel agenda, entonces solamente hicimos presentaciones en Buenos Aires. En algún momento lo tentaré para que vuelva a un show con nosotros, pero por ahora cada uno está por su lado, con su proyecto."

A propósito de este trabajo en conjunto con Melero, un artista prolífico y ecléctico, cuya obra es influyente entre sus colegas, Gillespi repasó su relación de varios años. "Somos viejos amigos, pertenecemos a la generación del ´80, ambos participábamos en bandas amigas y colegas, nos hemos cruzado muchas veces. En los noventa, yo estaba trabajando en un programa de radio, y él vino con una guitarra acústica a presentar un disco, yo llevé la trompeta y estuvimos haciendo varios temas, improvisando juntos en el programa. Ahí se abrió otra puerta, la famosa frase "tenemos que hacer algo juntos", que nunca se cumple (risas). Después, yo lo invité a un programa que hacía en Nacional Rock, él vino con su pianista, yo me sumé con la trompeta, hicimos un acústico los tres y quedamos muy encantados.”

A partir de esta relación, ¿Cómo coincidieron para hacer el disco?
Le comenté que estaba trabajando en solitario, grabando cosas en mi computadora. Se mostró muy interesado por el material, más que por el de mi banda. Me pidió que le muestre, entonces una noche me dediqué a mandarle por WeTransfer un montón de canciones a medio terminar. A las 6 de la mañana tenía un mail suyo, diciéndome que quería ser el productor del disco, que trabajemos juntos. Eran todos retazos, algunos duraban ocho compases, otros diez minutos, improvisaciones de trompeta larguísimas, era un delirio. También, yo me había copado con la guitarra eléctrica y el bajo, grabado bases de rock, sin letra, sin nada, él se puso a escribirlas, y grabó las voces. Todo este resultado es “Ganímedes”.

Estuviste tocando recientemente con Willy Crook, con quien también tenés otra especie de sociedad de años, de hecho editaron juntos un disco en vivo, “Live from Rulemania”, de 2012 ¿Es otra propuesta distinta?
Con Willy soy más socio musicalmente, lo conozco desde su época en Los Redondos, y supimos ser amigos desde ese tiempo en adelante, pasaron más de 30 años. Él se fue a España un tiempo, y cuando regresó estuvimos muy juntos, lo ayudé en su primer disco solista y después él me ayudó en el primero mío, “Ultradeforme”, grabó y puso su banda a disposición, los Funky Torinos. Después, cada tanto, yo participaba con su banda o el venía a la mía, hemos hecho muchos shows juntos. Hasta que un amigo en común, nos dijo por qué no hacíamos un show en serio los dos, aportando cada uno un puñado de temas. Eso lo hicimos hace diez años, y quedó ese disco en vivo.

Ahora nos juntamos de vuelta, hicimos dos Trastienda llenas, fuimos a Mendoza y quizás grabemos. Él está trabajando mucho con la compu, algo que nunca había hecho, con softwares que yo también uso. Yo tengo canciones media funky, que van por el lado de Willy, así que quizás hagamos un disco este año. Es la idea, lo tenemos hablado, pero no sabemos cuándo.

Tu último libro, “Salsipuedes (Historias de rock argentino)” es el segundo que escribís sobre música, después de “Blow! De Trompetas y Trompetistas”. En el medio, escribiste otros dos libros en los cuales abordaste otros tópicos. ¿Sobre qué temas te gustaría escribir en el futuro?
Estoy craneando algo desde hace un par de años, tiene que ver con la música pero también con otras disciplinas. Es el desafío de llevar adelante los proyectos personales de cada uno. Estudié cuatro años de psicología, y tengo mi parte de psicólogo, sin recibirme soy una especie de psicólogo amateur. Estoy leyendo temas relacionados a la materia, me he analizado como veinte años con distintos psicólogos a los cuales destruí psicológicamente (risas). Estoy pensando en hacer una especie de curso para artistas. Ya llevo muchos años analizando cómo es la psicología del artista, del creador, cuáles son las dificultades que uno va encontrando en el camino, cómo es trabajar en Argentina, que no es un tema menor, ya que es un país donde te podes desmotivar rápidamente. Tengo un montón de escritos deshilachados en este tema, cosas que escribo y guardo, con la idea de que después puedan ser algo más.

¿Te gustaría dedicarte al periodismo gráfico de rock de una forma más rigurosa, o es algo que, siendo músico, nunca harías?
Creo que lo podría hacer, pero no sé ni dónde ni cómo. Es medio difícil, cada vez hay menos publicaciones. Quizás en Internet, pero hoy por hoy el mundo editorial, las revistas, los diarios, casi no tienen nada de música, o te ponen a Lali Espósito. Me interesaría, por ejemplo, escribir y compilar diez discos fundamentales, deshilvanarlos y escribir cosas acerca de eso, pero todavía no lo he hecho.

Entraste a Sumo por tu amistad con Roberto Pettinato, en los tiempos en que él era periodista de la revista Expreso Imaginario. ¿Qué opinás de la crítica?
La época de la “Expreso Imaginario” la tengo encuadernada con tapa dura, era fanático total. Después hubo críticos de jazz piolas, o de rock, como Alfredo Rosso, Claudio Kleiman o Mariano Del Mazo. No los sigo, pero la crítica es válida. Por ahí ellos no pueden meterse en la psicología del músico, o en lo que sucede en un concierto, que para ellos fue malo y para el artista fue bueno, pero seguramente hay cosas más objetivas. Que a ellos un disco les parezca bueno me parece válido, todo el mundo puede opinar de las cosas. No estoy en contra de los críticos, me parece que se han dedicado y tienen elementos, herramientas, para poder evaluar esas cosas. Pero yo en ese lugar no sé qué haría, sería completamente subjetivo.

¿Cómo se dio la vuelta de Aníbal Hugo, otra vez junto a Gonzalo Bonadeo en TyC Sports?
Lo reflotamos después de algunos años de tenerlo en el ostracismo. Contento porque me divierte mucho hacerlo, y más con Gonzalo, que tenemos una amistad de tantos años. Él es tan perfecto en su formación periodística que me resulta motivador volverlo loco con pavadas. A pesar de que jugué un poco al tenis cuando era adolescente, no soy del palo del deporte, me gusta el fútbol en los Mundiales, y no mucho más. Desde ese lugar me resulta más fácil hacer humor sobre el deporte, no tengo problemas en gastar a cualquiera. Me costaría hacer humor con los músicos.

En estos años, el personaje se mantuvo vivo en el recuerdo de mucha gente...
Sí, a veces he pensado en eso. Qué mecanismo usé, o que sucedió en ese momento histórico, para que el personaje tuviera esa trascendencia. Al principio lo hacía desde la clandestinidad, nadie conocía mi cara, y yo tampoco era conocido. Era medio contracultural, me daba el lujo de bardear a todo el mundo desde ese lugar, el anonimato me daba esa licencia. No existían las redes sociales, por momentos era un trol, antes de que existieran. Estaba la cuestión de quién era el que lo hacía, los periodistas deportivos aventuraban nombres, hubo gente que creía que lo hacía Daniel Lalín, que era dirigente de Racing. Fue grande la sorpresa cuando aparecí yo, que era un trompetista de rock y no tenía nada que ver con ese mundo.

Con los famosos códigos, no había humor relacionado al fútbol, no se podía joder ni a técnicos ni a jugadores. A partir de ese momento, se empezó a joder más con el backstage del fútbol. Yo entrevistaba a los jugadores en un micro que se llamaba "El ojo de vidrio", teníamos una charla re deforme, los llevaba por cualquier tema y quedaban medio en orsai, los hacía hablar de la joda, de la noche. Después llamaban los dirigentes al canal y preguntaban "¿Quién lo entrevistó a Palermo?", yo era el culpable de todo eso. Ese aspecto medio punkie fue el que hizo que quedara en la cabeza de todo el mundo. Sobre todo de los futboleros, pero también de gente del rock. Por ejemplo, cuando les dije a Dante y Emmanuel de los Kuryaki que era yo, se volvieron locos, me tenían grabado. Los Babasónicos también, esperaban el momento de Aníbal Hugo.


 

   
Escrito por:
Martín Kekedjian
Hombre, 39 años
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