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Shows | Mar, 18 de Nov de 2014

Pasó una nueva fiesta pastillera

Sábado 15 de noviembre de 2014 - Anfiteatro Municipal

La celebración de un encuentro con alguien que uno siente cariño siempre es una experiencia agradable. Siempre es especial reencontrarse con quien uno siente afecto. En el caso de la música sucede exactamente igual pero con un agregado; las emociones se multiplican por mil y se viven como si fueran únicas e irrepetibles. Público y banda conforman uno solo en el primer encuentro: uno acompañando y otro expresando su más preciado arte a través de la música. Esa es la sensación que se vivió en la noche del sábado con Las Pastillas del Abuelo en Rosario. La banda ofreció un concierto repasando sus mejores canciones galardonando una verdadera fiesta con sus fieles seguidores.

Esta vez la jornada se desarrolló entorno a la presentación de “El barrio en sus puños” su reciente material editado este año y que se considera una opera-rock en homenaje al boxeador Ringo Bonavena. Esta vez las letras y poesías fueron compuestas por Beto Sueiro y la música e interpretación quedó a cargo de la banda. Él mismo es quizás un poco diferente a los discos anteriores. Desde el comienzo predominan algunas bases bluseras, se cola algún tango, ritmos folk, hasta llegar al ritmo y estilo que los caracteriza para volver a bajar a los climas de los primeros temas. Un trabajo refinado que logra hacer sentir la pasión y emoción de un retrato fiel de lo que generó la historia viva del boxeador.

Volviendo al encuentro con su gente, la noche en el Anfiteatro contó con una banda soporte de los pagos de Junín (provincia de Buenos Aires): Las Morochas. La misma tuvo su media hora para demostrar sus mejores canciones y, producto de su buena performance, fueron muy bien recibidas por un público atento y respetuoso.

Pasadas las diez de la noche, ya en compañía de una brisa justa para olvidar el calor, y con una multitudinaria presencia de jóvenes, la banda principal salió a bien arriba con la rockera versión de “Cambios de tiempo”, “Viejo Karma” y “Que vicios tengo” a puro ritmo funk y ska. Por lo general el concierto se mantuvo siempre con estos climas a diferencia de otros shows que suelen intercambiar algunas canciones acústicas. Poco importó este detalle porque el público disfrutó a pleno del show.
Como todos saben, la banda cuenta con la misma formación desde el momento en se formó (con pocos cambios) lo cual es una ventaja que pocos poseen. Más de diez años tocando dan como resultado lo que se presenció en la noche del sábado, una sólida formación que no desentona y que sabe sonar bien arriba con la prolijidad y energía que requiere cada canción. Una particularidad que solo los años y el profesionalismo con que encaran la música les puede brindar.

Presentando solo algunas canciones aisladas del último disco (destacándose “Las paces”) el show transitó por zonas seguras: sonaron clásicos tras clásicos como “Amar y envejecer”, “oportunistas”, “Sabina y Piazzola” “Mi viejo”, entre otros. También contó con la participación del popular músico local Francisco “Pancho” Chevez para interpretar “Me juego el corazón”.
Ya encarando la parte final decidieron arrimarse a la despedida con más clásicos: “Loco por volverla a ver”, “Qué hago esperando un puto as”, Skalipso”, “Ojos de dragón”, “Vuelta de tuerca” y “Tantas escaleras” para coronar casi dos horas ininterrumpidas de show. Tal fue su paso por Rosario demostrando toda su potencia y energía que tan bien saben desplegar a la hora de subirse a tocar.

El recuerdo que se tiene de LPDA es quizás la gran cantidad de hits que posee y el fanatismo que generó en jóvenes generaciones que hasta el día de hoy siguen sumándose a la comunidad pastillera. Pero el dato de la banda es que fue de las primeras bandas que supo aprovechar el auge de las comunidades en red (MySpace, Facebook, Youtube): “el sensei” es catalogado como el primer hit digital del rock nacional. Un dato nomás pero que después de diez años de carrera ayuda a entender la gran cantidad de jóvenes que presencian sus shows y con la energía y pasión con la que viven sus presentaciones. Para muestra solo basta con asistir a sus conciertos y experimentarlo en primera persona.

Escrito por:
José Luis Morelli
Hombre, 28 años
Fotos por:
Gustavo Villordo
Hombre, 119 años
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