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Entrevistas | Vie, 18 de Nov de 2016

`Nuestros discos son latidos del corazón´


 

Lejos de la gran ciudad es estar cerca de la calma, la sabiduría y el eterno aprendizaje que uno tiene cuando se aleja de las luces, el humo y el hollín. Ahí está Germán Daffunchio, en Traslasierra, Córdoba, con el fondo de pantalla de la vida real que es la naturaleza, el cielo y las montañas. Cuando atiende el teléfono, a penas pasado cinco minutos de lo pautado, responde que “sí, habla German, estaba esperando tu llamado”. Primer indicio de su buena predisposición.

De entrada se nota su rebeldía ante la postura del rockero y de las modas que siempre rechazó. No se la cree, es un tipo más. Ante cada pregunta se explaya de manera reflexiva, extensa y siempre con sentido del humor (la palabra “risas” será la que más se repita a lo largo de la nota).

Evita hablar en primera persona y busca la primera del plural inclusivo (el “nosotros"). Son muchas las frases a destacar. Por ejemplo que aún sigue enamorado de “Brindando por nada”, su último material. “Considero que cada disco tiene estados de ánimo distintos. Este puede que sea de esos que tienen un viaje hacia adentro”, diferenció en cuanto a sus discos anteriores. Siguen privilegiando trabajar como grupo, funcionar como banda: “tenemos la certeza de que cada uno tiene cosas para aportar. No solo desde musical. Simplemente cuando están escuchándote sobre algo que te está pasando y te da su opinión”.

Otra es sobre sus influencias musicales: “En un momento de la vida las influencias musicales son las influencias de tu vida”, reflexionó para agregar que siempre prefirió eso y “el salir a tocar, el contacto con la gente”. Es lo que más lo satisface desde lo espiritual. “El amor y la pasión  son las cosas que me alimentan, las que me hacen sentir que valen la pena. Todo lo demás es chamuyo”, remató fiel a su estilo.

“Desde mi experiencia siempre creí que el secreto de los grupos, de todo el mundo, siempre ha sido tener su propia personalidad, más allá de estar siguiendo un estilo. Lo comprobas cuando escuchas a un grupo y lo identificas enseguida, sin dudar. De eso se tratar un poco la faceta artística de nosotros, el poder buscar eso”, reflexionó sobre el recorrido que lleva la banda desde sus orígenes al presente.

Germán Daffunchio es alguien que ama a su banda, que disfruta estar arriba del escenario, tocar y grabar, siempre en conjunto. El líder de Las Pelotas aseguró que hacen esto por la “pasión que nos genera hacer lo que nos gusta”. Sin ánimos de exagerar admitió que todavía siente nervios en los momentos previos de salir al escenario. “Las preocupaciones lo único que sirven son para preocuparte, lo mejor es dejar fluir”.

Fue un diálogo extenso y muy profundo. Mencionó letras de sus canciones, contó cómo encaran las composiciones, el valor que le da a las mismas y a sus discos. Habló de las enseñas de la vida, la música y el paso del tiempo. Siempre bien predispuesto en cada respuesta.  Lo que se dice un grande tanto arriba como abajo del escenario.

Si bien pasó un poco de tiempo quería comenzar hablando un poco de “Brindando por nada”. ¿Desde lo musical que balance haces del disco? ¿Quedaron conformes con lo obtenido?
Sigue siendo un disco que está bien en presente, por lo menos para mí. Quedamos muy felices con el resultado final. Nosotros concebimos a los disco como una cuestión global. Trazamos una línea y trabajamos intensamente. La repercusión fue buenísima. A la distancia todavía lo sigo viendo con el mismo entusiasmo de cuando lo estábamos armando.

Da la sensación que es un disco más introspectivo. Por lo menos si se lo compara con los trabajos anteriores. ¿Coincidís con esa mirada?
Considero que cada disco tiene estados de ánimos distintos. Este puede que sea de esos que tienen un viaje hacia adentro. Muchos de nuestros discos son quizás más combativos, pero dependen siempre de nuestros estados de ánimo (risas). Este comienza con la idea que la “verdadera revolución empieza por uno mismo”. Así lo concebimos desde el primer minuto.

¿A la hora de componer canciones, la premisa sigue siendo trabajar en equipo, como banda?
Sí, hay mucho de eso. Uno muestra una pequeña idea y si hay vibra se empieza a desarrollar. Así y todo considero que no hay patrones. En ningún disco hubo un patrón igual (de composición). Siempre fue nuestro fuerte hacer los temas todos juntos o de a tres, depende el caso. “Pasajeros” (del disco “Despierta”) es un tema de Sebastián (Schachtel, tecladista). Recuerdo que lo hicimos instantáneamente en un día en la sala, los dos solos. Surgió espontáneamente. Es solo un ejemplo. No hay patrón porque la música tiene eso de frescura, una emoción.  Tiene que tener esa parte, es crucial.

Si se piensa un poco en lo que estás diciendo uno puede identificar eso que decís en sus canciones, disco a disco. Hay mucha frescura en sus canciones.
Sí. Igual es difícil explicar eso, más para mí que estoy desde el lado de la banda. El desafío es chequear lo hay dentro de uno, ver que hay dentro del arpón de uno.  La búsqueda constante, que está mucho más allá de la moda, es la de uno mismo. Igual aclaro que en Las Pelotas no es que hay un solista genial y todos tocan para él.  Ese formato nunca fue buscado, lo nuestro siempre fue trabajo de equipo.

Funcionando como banda, en todo su concepto.  
Si, realmente con la certeza de que cada uno tiene cosas para aportar. Desde los lugares que te puedas imaginar, no solo los musicales. Simplemente cuando están escuchándote sobre algo que te está pasando y te da su opinión. Eso está bueno.

¿Se plantean algún tipo de objetivo en cada disco en cuanto a las letras? Pensándolo desde lo conceptual. Este último trabajo da la sensación que es un disco más espiritual, si se quiere.
Lo lirico también tiene que ver con todo lo que estaba diciendo antes. Pero es verdad también que le ponemos una flecha, apuntamos con una flecha para ver dónde dirigirnos. Tiene una parte que tiene que ver con la búsqueda del ser de adentro. Pensa en “Victimas del cielo”. Es un tema que lo podes hacer para millones de cosas. La realidad es que, en el fondo, todos somos víctimas del cielo (risas).

Con tantos años de carrera da la sensación que lograron no caer en la repetición. ¿Cómo se logra o trabaja en ese desafío?
Si nosotros hiciéramos eso (repetirnos), no hubiésemos tocado tantos años. Te juro que es muy feo, musicalmente, hacer shows como maquinitas. Por suerte tenemos un montón de discos y nos damos el lujo de tocarlos entre con los clásicos, que siempre se van a tocar porque es parte de la misa de cada grupo. En nuestro caso siempre hay un  momento que empieza nuevamente la composición y siempre por la necesidad de renovar nuestro plan del vivo. Por la necesidad de agregar temas y temas, por lo general para no aburrirse. Y por otro lado, es por la pasión por lo que vos haces lo que te lleva a hacer las cosas. La pasión de te gusta hacer lo que haces. A nosotros nos gusta mucho tocar en vivo, grabar, componer. Todo lo que no tenga que ver con el espectáculo (risas). Todo lo demás nos gusta mucho y lo vivimos con mucha intensidad.

¿Cuánto aportó el hecho de mudarte a las sierras de Córdoba en todo lo que estás diciendo?
Ya hace mucho tiempo que estoy acá (más de 20 años). Vine en un momento importante de mi vida que me ayudó a equilibrarme en todo lo que iba a venir después (risas).  No por una cuestión de mística ni nada pero a mí la ciudad no me gusta para nada, hace tiempo tengo ese pensamiento.

¿Y cómo haces para vivir en medio de las sierras y girar por todos los rincones del país?
Debemos ser el grupo argentino que más kilómetros terrestre hizo en su vida. Calculamos que fuimos a la Luna ida y vuelta (risas). Es increíble. Mucho de esos kilómetros lo hacemos en auto, no en micro. Yo, por ejemplo. No me gustan los micros, prefiero manejar a mi tiempo. ¿Cómo hicimos? No sé, pero siempre está la pasión para movilizarnos sino no se explica. O tenemos que ir a un psicólogo (risas).

¿Qué fue lo más valioso que realizaste en tu vida como música?
Nunca hice un balance. Las enseñanzas de la vida son muchas, muchísimas. Tengo certezas, que ya las tenia de cuando empecé. Por ejemplo cuán importante es la búsqueda de la fama, cuánto podes llegar a auto-destruir tu vida y esas cosas ridículas. Es un constante aprendizaje. Es maravilloso eso de que nunca dejas de aprender. La vida siempre te está dando (risas). A veces tiene flores y a veces pareciera que somos víctimas del cielo (risas).

¿Y con las influencias que pasa?
En un momento de la vida las influencias musicales son las influencias de tu vida. Hay muchas cosas que uno a mamado desde siempre y eso puede llegar a ser una influencia también.  Hay millones de estilos y de músicos que han desarrollado sus estilos. Todo depende como se empieza. Yo personalmente tuve una gran influencia de los finales de los 70 y los 80. Fueron como cosas que viví intensamente del lado de espectador, de público. Ya cuando profesionalizas tu pasión por ahí te empieza a jugar en contra porque siempre estas pendiente de las modas, pavadas absolutas. Hoy, por ejemplo, me siento a escuchar en el auto recorriendo kilómetros. Ahí armamos selecciones de millones de cosas. Pero nunca siguiendo un patrón de moda, sino de todo un poco. Desde mi experiencia, siempre creí que el secreto de los grupos, de todo el mundo, siempre ha sido tener su propia personalidad, más allá de estar siguiendo un estilo. Lo comprobas cuando escuchas a un grupo y lo identificas enseguida, sin dudar. De eso se tratar un poco la faceta artística de nosotros, el poder buscar eso. Hay una gran academia, sobre todo en el rock, los que buscan fusionar el tango con el rock y esas cosas. Tanto los modernos como los antiguos. Son maneras de llenarse la vida. A mí me alimenta mucho más disfrutar cuando salimos a tocar, el contacto con la gente. Hace poco en Rio Grande nos recibieron con unos corderos patagónicos, en una casa. Rio Grande es como Alaska, hay muchos extremos: mucha soledad, mucho amor y pasión. Esas son cosas que me alimentan, las que te hacen sentir que valen la pena. Todo lo demás es chamuyo.

¿Qué es lo que más disfrutas cuando te subís al escenario?
Cantar. Es un desafío.  Una vez un sabio me dijo que “cantar puede cantar cualquiera pero ser cantante es otra cosa” (risas). Es muy difícil, lo que mismo que tocar y cantar. Todo es un desafío. Más allá de todo, cada vez que salís a tocar es único, no existen dos veces iguales. Ni emocional, ni nada, siempre es distinto. Es lo mágico que tiene el recorrer lo que viene por delante. A veces son días de conflictos (por cuestiones técnicas) pero siempre se trata de disfrutar y cantar los temporales como vienen. Disfruto el show, el compartir con mis compañeros el sentir que estamos compartiendo. Nunca nos miramos como diciendo “uh cuánto falta para terminar” sino todo lo contrario. Es muy hermoso.

¿Te seguís poniendo nervioso en los momentos previos a salir a tocar?
Si, totalmente. Uno va manejando el animal que lleva adentro. Uno trata de manejar el “kii” dirían los chinos (risas). Estar lo más fluido posible porque la preocupación lo único que hace es preocuparte (risas). El asunto es poder canalizar los nervios que te agarran en el estómago y dejar que fluya. Sigue pasando y obviamente es parte del motor de nuestra vida.

¿Cómo será el show que vienen a presentar a Rosario este fin de semana?
Creo que la gente que va a ver a Las Pelotas es gente especial (risas). Ya nos conocemos . Solo te puedo decir que estamos recontra felices de volver y también tenemos la particularidad de que siempre analizamos los shows que hacemos para evitar repetirnos lo menos posibles. Nada. Buscamos disfrutar de todo, esa es la intención, el objetivo.

¿Podrías elegir una canción que represente tu carrera musical a lo largo del tiempo?
No, eso es imposible. Cada disco que haces son latidos de tu corazón y tiempo de tu vida. Los pones, cerras los ojos, pasa el tiempo y sentís esos latidos. Se trata de  la vida y nuestro caso, la vida es una sucesión de temas. Cada uno representa momentos que viviste o que estás viviendo. Un disco es una búsqueda artística. A los discos los concibo como pequeños libros de esos tiempos en que se grabaron.

Un relato del tiempo vivido…
Si, totalmente. Lo curioso es que a través de los años cómo nuestros temas siguen siendo actuales. Es como cuando escuchas “Cambalache” y decis “pucha, esto sigue pasando”. Está buenísimo eso.

Incluso el público que se renueva lo hace a través de los clásicos de Las pelotas pero también desde lo nuevo. Ahí es como que se cruzan las distintas etapas de la banda.
Nuestro público es muy especial. Tenemos desde abuelos, nietos, adolescentes, jóvenes, de todo lo que te imagines. Para nosotros es como una afirmación de que en realidad la música y los sentimientos ante la vida, no tienen edad. Todo lo demás es chamuyo. Cuando escuchas la música de los 80 que usaban unos redoblantes propios de la época, yo hoy me muero de la risa. El haber estado dentro de esa época, recuerdo cuando aparecieron las “maquinas” y al final de todo terminó todo como siempre, eran canciones y punto. Lo más importante es tratar de hacer buenas canciones para poder compartirlas.

¿Hay diferencias entre el pasado y el presente a la hora de componer o al entrar a grabar algo?
Ahora es muy distinto. Antes era mucho más complejo. Ahora es más fácil llegar a lugares donde antes no podías por falta de equipamientos. Te llenabas de objetos que ahora son todos virtuales. Demás está decir que de nada sirve tener todo eso si ni sabes usarlos. Las herramientas avanzaron a niveles alucinantes. Es mucho más divertido, incluso.

 

Escrito por:
José Luis Morelli
Hombre, 26 años
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