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Shows | Lun, 26 de Abr de 2010

Massacre Panza, rock, skate y maravillas

 

 

Sábado 24 de abril -  Willie Dixon (Suipacha y Güemes)

Absolutamente nada tuvo que hacer Massacre para estar en el lugar que hoy ocupa en el rock nacional. Sólo esperar. Persistir. Y aunque ni siquiera era la prioridad, un día la realidad, al fin, se les dio vuelta. La banda que quería ser como Fugazi, los antiestrellas, los abanderados de los conflictuaditos y los losers, de pronto se le vinieron halagos, vitoreos y premios de estrellas de rock.
 
“Hola, nosotros somos los Massacre, un beso”, exclamó Walas, saliendo de bambalinas, el pasado sábado 24 de abril alrededor de las 2.30 de la noche (luego de una enérgica presentación de The Koalas y anteriores performances de Ready Set Go y Alucinaria) en el Dixon y así desatar la euforia de un vasto y diverso público que duraría casi lo mismo que un lujurioso turno en un telo.
 
Justamente, con esa misma lascividad (recíproca entre la banda y los espectadores) comenzó la presentación de Massacre. Walas apareció imponente con su clásica indumentaria de camisa a cuadros, calzas, botas por encima y buzarda para arrancar con “La octava maravilla”, “Plan B: anhelo de satisfacción” y “Nuevo día”. El gordo más copado y querido del rock cantó con actitud voraz, deslizándose con movimientos cuasi femeninos mientras que su particular forma de modular lo hacía todavía hasta más sensual. Si bien es él quien se roba la atención y dueño del circo, con su arsenal retórico (“Según la prensa norteamericana, Massacre es la banda que va a salvar el rock”) y sus eternos latiguillos (“Gracias dulzura, mi amor”), los músicos juegan un papel fundamental y sólido a la hora de ejecutar el repertorio que va desde el puro hardcore skater hasta el rock psicodélico y psicológico, oscuro, denso y algo noise.
 

“Tres paredes”, “Estallando desde el océano” (cover de Sumo que salió editado en el tributo a la banda de Prodan en 1995) eran fusilados uno atrás del otro mientras el público seguía inquieto desde el principio. Los grandes clásicos no fueron excluidos: “Seguro es por mi culpa”, “Sofía, la supervedette”, “El espejo” y “Mi mami no lo hará”, intensificaron la electricidad que había en el galpón de Suipacha y Güemes.
 
“Hay personas del gobierno que quieren censurar a Massacre, esta es para la Presidenta, ¡tomá!”, a modo de interludio sarcástico y parodiado de Walas para hacerse con “Te leo al revés” y “La reina de Marte”, cual fuera primer corte difusión de El Mamut. Luego de un breve break con una audiencia en todo su esplendor comenzaron a hacer gala de sus versiones, últimos temas y bises. “Complete Control” de The Clash (en el cual Sr. Cidade saludó a Zona 84 rememorando tantas viejas fechas juntos en la ciudad) una versión killer de “You Really Got Me” de The Kinks, entre otros para cerrar con el anhelado “Diferentes Maneras” promediando la hora y media de show.
 
El diverso público acompañó a la banda en todo momento encontrando reverberación en ella. Desde los nuevos adeptos que luego del clic de Massacre, que los llevó a la masividad, se fueron sumando hasta los más nostálgicos que formaban parte del escaso número de espectadores en recitales de la banda en la ciudad años anteriores arriba de las rampas del Hell Track, en las tablas de Zona 79 o incluso aguantando hasta las 6 de la mañana en El Sótano para verlos en vivo. Pero ese es uno de los atributos que tiene la banda que lidera Walas: sigue siendo la misma. Massacre sigue sonando a Massacre pese a que el abanico del público sea más variado.
 
El hecho que algún o algunos medios del mainstream “rescataron” a esta banda de culto de las largas penumbras del under o que esta banda de bolsillo de muchos ahora es demasiada grande para tenerla protegida, Massacre sigue siendo ese grupo antitesis del ganador, de lo fálico e  irónicamente hace que a muchos más les guste o se sientan representados conviviendo entre ellos. Desde el seguidor más acérrimo, el compañero de trabajo, el pastor de la iglesia evangélica de la esquina hasta el tipo que se acuesta con la novia de uno a escondidas. Walas y los suyos, con la misma convicción de siempre, les dicen: “Bienvenidos al mundo de los conflictuaditos”.
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