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Shows | Mie, 17 de Oct de 2007

La Portuaria Una noche que no hace mal

 

Fecha: 13 de octubre de 2007 – Willie Dixon

Podríamos empezar esta nota hablando pura y exclusivamente de las canciones, de lo que tocaron, de lo que le faltó a la noche de Frenkel y los suyos. Podríamos hablar de todas las canciones que reversionaron para sorprender con su capacidad en vivo, hay varios temas para comentar, tantos como cuando te juntas con un amigo, y te pregunta: “¿Qué hiciste el finde largo?”, y vos en ese interín de comentarios nocturnos y otras taragüies le comentas que el sábado fuiste a ver La Portuaria. “¿Y que tal estuvo?, me dijeron que 10 puntos”. No sé si 10 pero 9 seguro, es la respuesta.
Primero, podemos comentar la predisposición de la banda para con la gente (hicieron tres veces bises), y me parece que terminaron con “Selva” porque es el tema que pueden tocar de memoria, ya que para el que no conoce discos como Me mata la vida, o Río, el hit es lo principal. Frenkel quebró su torso para saludar al público en tres ocasiones. En la primera levantó las manos, en la segunda se agachó para regalar púas, y en la tercera no se quería ir. Al tipo le cae y le queda muy bien Rosario, es como si La Portuaria fuese una banda rosarina que la “pegó” en Capital. Le canta al Río de la Plata pero el sábado se acordó del Paraná. Le canta a la ciudad que lo acobija, pero el sábado parecía cantarle a Rosario, con letras que encajan en muchos casos con lo que le pudiese haber pasado a un Frenkel rosarino. O sea, lo que le suele pasar a las bandas de acá que se inspiran en esta ciudad para hacer canciones, ejemplos varios que no van a aparecer ahora.

El show se retrasó unos minutos, que no importaron; finde largo, tiempo era lo que sobraba. Arrancaron con una seguidilla de canciones y reinterpretaciones que dieron un toque de condimento especial. “Escenas de la vida amorosas”, “Los mejores amigos”, “Amar es difícil”, “Hoy no le temo a la muerte”, emulando a David Byrne cantando en anglosajón. Un buen comienzo recorriendo no sólo la última etapa sino discos de principios de los 90, y no justamente los que los hicieron salir varias veces en charts de radios hiteras.
No mucha gente, pero tampoco vacío, la cantidad necesaria para estar cómodo, saltar si querés, quedarte parado; ir a tomar una cerveza, un trámite; ir al baño, otro. A las doce de la noche con algunos minutos en la espalda fue el comienzo, a eso de las dos el fin. Terminó y automáticamente la gente se va con una sonrisa en un show totalmente digestivo, que te relaja si querés o te hace saltar. Siempre salís conforme.

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