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Shows | Vie, 23 de Mar de 2007

Intoxicados Acordes de dos puntas. El rock de Pity Álvarez no distingue clases sociales.


La última etapa de la banda cautivó un público sumamente diverso en cuanto a cuestiones sectoriales se refiere. La amplitud musical que propuso Intoxicados dejó una faceta estrictamente rockera para tocar las fronteras de lo "moderno". Con Otro día en el planeta Tierra el grupo alcanzó una popularidad llamativa. No más público rolinga. No, no es solamente eso.
Probablemente la banda que mayor crecimiento tuvo en estos últimos años haya sido la que se presentó el viernes último en nuestra ciudad. Será por cuestiones musicales, será por la insuficiencia de rock puro, será por la mezcla perfecta entre lo que produce el rock y la cultura a la cual está asociada, o será por la necesidad de una figura que represente a la mística rockera (con todos sus excesos) y que cautiva a gran parte de la sociedad, como parte o como simples espectadores. Si el éxito de Intoxicados radica en lo musical o en todo lo que representa Pity Alvarez, es una cuestión que únicamente el tiempo clarificará.
La realidad marca que, teniendo en cuenta las casi 4000 personas que ocuparon sus lugares en el Anfiteatro, la diversidad de géneros está bien marcada en el público. Los extremos pasan por el fanatismo y el simple espectador que va a escuchar los temas que pasan por la radio hitera (y de paso se divierten con la puesta en escena del músico más carismático que apareciera en la escena nacional en los últimos diez años, y cuya figura se agiganta de manera incalculable). Eso está bien claro y se intensifica aún más esa diferencia cuando las canciones en cuestión suenan en vivo.

Dos visiones. Dos realidades (?) de una banda que no se plantea límites. Dos puntos de vistas completamente distintos si se quiere, pero que conviven en un lugar común: la música.

De la primera época…
Lo bueno de Intoxicados es lo imprevisible que puede llegar a ser la banda. Tal vez no sea comparable con la incógnita que supone un show de Charly García, pero sí con la puesta en escena que surge de improvisto y de acuerdo al estado de ánimo transitorio de su máxima figura. Los shows del grupo vienen signados por el eclecticismo que proponen, dejando en claro el gusto y la creatividad constante con la que acarrea un líder por demás de carismático y que desde una primera época daba muestras de su talento.
Desde aquellas presentaciones con Viejas Locas hasta el día de hoy, Pity respeta a su público, a quienes se adhirieron a una propuesta que demarcaría un punto de partida para un género que hoy se nutre de numerosos músicos.
Si bien durante esta última etapa Alvarez se preocupó por demostrar su talento natural para hacer música, el arranque del recital de este viernes último dejaba en claro que el rock fluye por sus venas. "Señor kioskero", "Me gustas mucho" (en una versión blusera, impecable) y "Volver a casa", prometían un show de vieja data, de esos que retomasen la vía purista.
Aunque rápidamente "Nunca quise" se metió en el ambiente como quien pide permiso, apurado, llegando tarde. Como ese invitado que todos están esperando para que la noche tome otro color. Por suerte todo eso fue un amague porque, para quienes no necesitan de los grandes clásicos para disfrutar de un gran show, el rumbo se perfiló hacia otro horizonte.
Mientras la noche tomaba un colorido más amplio, musicalmente hablando, Pity se divirtió en una consola "fabricando" tracks e improvisando con pistas pregrabadas, acompañado por imágenes que aclimataban sus sonidos. Probablemente para muchos resultó un poco extensa esta faceta creativa del músico en escena pero justificó un show distinto por su singular fracción de improvisaciones que más tarde tendrían un cierre digno para esta presentación.
Luego aparecería toda la banda sobre el escenario, vestidos de blanco, y con Alvarez en un papel fascista con un oportuno toque para tal: un dogo de tamaño considerable, como para amedrentar cualquier planteo. Mientras tanto la música entraba en un plano que vale la pena destacar. Un sonido impecable, similar puesta en escena y temas que no hacían más que ratificar que la banda transita un presente de alto vuelo musical. Los arreglos de composiciones como "Perra", "Descansar en paz", "Pila" y "Una señal", le dan un aire nuevo y con un toque de música negra en momentos justos, sin necesidad de sobrellenar y terminar ensuciando algo por el sólo hecho de mostrar más de la cuenta.
Las locuras de Pity hicieron el resto. Caminó por los bordes, cantó como quiso y cuando quiso, tocó la guitarra, elogió a Pancho Chévez (el único invitado), rompió botellas que fue vaciando con el correr de los minutos, e insultó e increpó (hasta el hartazgo; es decir, hasta que se la sacaban) a todos aquellos que tenían una gorra: "a este recital no se viene con gorra, ¿no entienden?".
Después, sobre las 3 horas de show, un poco de hip hop con "Una vela" y "Transan" y una salida un tanto desprolija que parecía ser una despedida definitiva tras los usuales "engaños".
Los "nuevos" se precipitaron sobre la salida algo contrariados ante la falta de los hits radiales que tanto querían escuchar. Las caras lo decían todo. Más de mil personas estaban caminando por el parque Urquiza cuando nuevamente Pity salió a escena para acostarse en una improvisada cama sobre el piso y cantar solamente acompañado por su guitarra acústica, y con luz tenue y propicia para la ocasión, "Niña de Tilcara" y "Mother" de Pink Floyd. Pero sus ganas pudieron menos que su físico y ante un silencio que duró más de diez minutos, lo retiraron envuelto en la frazada con la que se cubría y ante una ovación.
Una gran noche que duró más de tres horas. Un show para fanáticos, dejando de lado aquellos temas que una gran mayoría quería escuchar, pero que incluyó un set impecable en cuanto a lo musical y que se nutrió de las locuras de Pity Alvarez, fuera de lo mediático y lejos de la actualidad masiva que aprendieron a festejar un gran número de espectadores actuales.

Hoy: recital
Pity Alvarez, genio y figura del rock nacional. Imposible no reconocer su talento arriba de un escenario, seguirlo con aplausos en sus locuras y sorprenderse con sus constantes cambios y movimientos. Es que él es una verdadera estrella del rock vernáculo. Los hits que no paran de sonar en las radios y en los boliches son el atractivo, y sus declaraciones e incursiones mediáticas el condimento especial que sólo tienen los ídolos. Con su look de arruinado divierte en escena y por si hiciera falta el rótulo al pie cierra perfecto y es por demás de elocuente: Intoxicados.
"Reggae para Mirta", "Nunca quise", "Lo artesanal" y "Una vela" eran algunas de las canciones que el público quería escuchar en la noche en el Anfiteatro, y por supuesto que no faltaron. Pero también es cierto que nunca la lista de la banda es completa sin temas como "Está saliendo el sol", "Quieren rock" y el último gran hit "Fuego", ausentes sin aviso, una lástima. También aprovechó para explotar su faceta electrónica, cuando acaparó las consolas y por largo rato disparó pistas pregrabadas en un set que le permitió darse el gusto al líder de la banda.
La primera parte del recital fue prolija, mucho rock clásico y contundencia, un track detrás del otro para cerrar un comienzo bastante "cuadrado". Después llegaría lo que muchos esperaban, el "show" de Pity, con todo lo que esto implica; tics y salidas extravagantes que no daban descanso a las emociones del público. La pose - o no - de "fisurado" juega como un plus importante que la gente va a buscar en cada presentación de una banda que no hace más que acompañar a un "músico" con todas las letras.
Tres horas de duración es demasiado y es algo que hay que reconocer, más aún si el final lo encuentra al cantante improvisando temas de Pink Floyd recostado con una guitarra entre las sábanas de una cama rápidamente "fabricada" sobre el piso, sin luces y en el medio del escenario. Más allá de la presencia de 10 músicos en escena, tal como se anunciaba el espectáculo en los medios, está claro que la entrada la paga la sola presencia de Alvarez. De él y sólo de él se trata. Es Pity y aunque a veces haya que aguantarle sus desplantes, cada ocurrencia suya es una parte más del show que merece ser festejada así como todas sus locuras, si al fin al cabo se trata de un genio…

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