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Shows | Sab, 28 de Abr de 2007

Divididos El power trío arrasó con todo en su paso por nuestra ciudad.


"Escuchenlo, escuchenlo, escuchenlo, la aplanadora del rock, es Divididos, la p… que lo parió".

El sábado a la noche el anfiteatro Humberto de Nito se colmó de miles de seguidores que se acercaron para dejarse apisonar por la música de Divididos, una de las bandas más convocantes y queridas del rock nacional. El peso de las canciones del grupo, la extensa discografía y el rótulo de "aplanadora del rock" no son en vano.
Con sólo observar la magnitud de los equipos uno se da una idea del sonido que va a poseer la banda en el show: varias hileras de amplificadores de guitarra, una muralla similar dedicada para el bajo y más atrás la batería, de dimensiones inusuales en cuanto al tamaño de sus cuerpos. La intención es una sola: pulverizar, aplanar, aplastar.

A puro power
La espera finalizó a las 21:45. Mollo dejó su eterna mochila a un lado, Arnedo se calzó el bajo y Catriel Ciavarella ocupó la banqueta de la batería.
El arranque, con "Sucio y desprolijo", fue demoledor. Tras unos desconcertantes acordes iniciales de "Heartbreaker" (Led Zeppelin), Mollo y compañía se adueñaron de aquel tema de Pappo, que cayó como pidiendo permiso. La descarga inicial prosiguió, con un torrente de canciones demoledoras como "Casi estatua", "Salir a asustar" y la arrolladora "Paisano de Hurlingham".
Minutos más tarde, el trío ejecutó una serie de temas intermedios en cuanto a potencia, como para darle un respiro a la audiencia. "Ay qué Dios boludo", "Vida de topo" y "Nene de antes", fueron sólo algunos de este período, que llegaría a su cenit con "Spaghetti del rock", versionada de manera más veloz que la habitual y coreada hasta el último rincón del anfiteatro del parque Urquiza.
En cuanto a la actitud de la banda no hubo nada fuera de lo habitual; es decir, Mollo soleó a diestra y siniestra, Arnedo pulsó su bajo endiablado con gran eficacia y Catriel aporreó los parches como si ahuyentara a algún espíritu maligno con cada golpe. Esto último provocó algunas aceleraciones con respecto al pulso, lo que motivó cierto "enojo" por parte de Mollo y Arnedo, pero nada serio.
Quizás uno de los momentos más emotivos de la noche se produjo cuando transcurrían más de dos horas de show. El bajista y el baterista aprovecharon la rítmica de "Qué tal" y comenzaron a improvisar por varios minutos. De repente, la sorpresa: Mollo sacó de la galera "Una noche en New York City" (léase "La rubia tarada") y el público vibró al ritmo de aquella joyita de Sumo. Al finalizar el tema, el líder de Divididos se acercó hasta uno de sus amplificadores y besó una remera estampada con la cara de Luca Prodan. Sin dudas, el fragmento más conmovedor del show.
Pero la fiesta no terminó allí. El grupo desempolvó viejas canciones de su discografía y continuó realizando tributos. En primer lugar, el wah-wah de Mollo nos indicó que "Voodoo Chile", de Hendrix, ocupaba un lugar en la lista. La interpretación fue descomunal. Bien power y con arreglos propios del grupo. Bien "a lo Divididos".




Y más tarde, se realizó el segundo homenaje a Sumo. El guitarrista balbuceó: "Es hora de irse a tomar un Nesquik". Y tradujo ese indescifrable anuncio en los primeros acordes de "Next Week", esa reliquia que integra el disco Llegando los monos (1986).
Sobre el epílogo, el trío recargó su potencia con "El 38", luego sucedida por "Ala Delta". El ambiente era cuanto menos idílico: miles de personas cantando y saltando al ritmo de "La Aplanadora", aunque el ambiente generalizado no fue del todo similar a lo usualmente visto en el mismo lugar en presentaciones previas.
Finalmente, y para que todas las gargantas quedaran disfónicas, el trío remató su set list con el ya clásico "Cielito lindo", la poderosa "Rasputín" y "Basta fuerte". Final a todo volumen, con Mollo repartiendo púas y saludando a la gente, Arnedo desafinando el bajo y Catriel?… No, esta vez Catriel no pateó el bombo ni tiró los platos, sino que sólo se limitó a terminar con la habitual energía que lo caracteriza.
Fueron más de dos horas y media de show; casi una treintena de canciones en las cuales el grupo renovó contrato con sus fans, repasando (a pesar de algunos inconvenientes -por momentos serios- con el sonido, sin mencionar que le faltó presencia a la batería en las líneas de parlantes) gran parte de su material discográfico y de su historia, que es en cierta medida, un fragmento de la historia del rock nacional y que comenzó con "pedales sulfatados" como reza la letra de "Cajita Musical".

Divididos y los bateristas…
Desde su primera época Divididos arrastra una cuestión (difícil de clasificar) que presupone toda una incógnita en cuanto a los bateristas que integran el grupo.
El comienzo, tras el trágico hecho que dividió la banda que integraban los músicos de Sumo, encontró a Ricardo Mollo y Diego Arnedo con la pregunta que durante más de 20 años de carrera los sigue acechando. ¿Quién ocupa el lugar tras los parches? Parecería que cada etapa que se inicia con un nuevo músico en la batería es la definitiva.
"Ahora sí, ahora estamos. Este es el batero que necesitan". Ese es el comentario que se escucha entre murmullos cada vez que la banda muestra una etapa que parece consolidarse a medida que avanzan los días en el calendario.
Pero, cuando todo indica que finalmente la formación de "La Aplanadora" es algo que refleja estabilidad, el cambio inesperado llega nuevamente.
Pasaron: Gustavo Collado, Federico Gil Solá (con quien ganaron el mote de aplanadores) y Jorge Araujo. Hoy está Catriel Ciavarella (quien trajo una potencia rejuvenecedora a una etapa que los mostró más melódicos, con Araujo como músico), pero llamativamente, desde que se incorporó a la banda – allá por 2004 – Divididos no editó ningún disco de estudio. A pesar de ediciones con recopilaciones o el disco Vivo Acá, que refleja un período de shows acústicos, hace más de 3 años que no presentan temas nuevos para la gente que espera ansiosa cada nueva presentación en vivo. "Los temas están. Pero no vamos a sacar un disco apurados, cuando tengamos lo que queremos que esté en el nuevo disco, estará listo." Las palabras de Mollo son más que elocuentes.
Ahora bien, vuelven a surgir otros interrogantes. ¿Por qué, a través de su sitio en Internet, publicaron un anuncio buscando baterista? ¿Por qué durante las primeras presentaciones de este año apareció Jorge Araujo para tocar tal como sucediese años atrás? ¿Qué demora la salida de un disco nuevo? ¿Por qué los shows se parecen demasiado entre sí, y no hay estrenos ni adelantos de lo que vendrá?
Sólo el tiempo irá despojándonos de las incógnitas. Mientras tanto habrá que esperar y seguir yendo a los shows. Pero no hay que olvidarse que existe un público ansioso de seguir nutriéndose de la música que los identifica como EL power trío de rock nacional.

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