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Shows | Lun, 8 de Jul de 2013

Divididos: Bailando en este carnaval


Viernes 5 de julio 2013 - Club Brown

Viernes 5 de Julio, nueve de la noche. La avenida Francia era un caos, mucho tránsito, muchas personas caminando de un lado a otro, haciendo cola para poder entrar a Club Brow, viendo las remeras que ofrecían afuera algunos vendedores, tomando algo, vino o unas cervezas. Grupos de jóvenes, parejas, familias, personas adultas, niños... todos esperando para entrar y poder ver una vez más al magnífico trío. Todo el alboroto es común cuando se trata de una banda legendaria como Divididos.

A las diez el show comienza, tocan “Salgan al sol”, afuera aun sigue llegando gente. Silbidos, gritos, cantos, algunos saltan, otros simplemente observan atentamente los músicos. Al medio, cerca del escenario un gran grupo de gente hace pogo. Cuando suena “El 38” ese número se incrementa y revoluciona, desde el medio hacia adelante todos saltan, corean las partes sin letra con el “Oh” bien argento que aparece durante varios recitales e incluso con el himno.

Suenan “Buscando un ángel” y “Mantecoso” la euforia nunca para, un chico arroja una bandera al escenario, Mollo la toma al finalizar y junto a Arnedo la estiran y agradecen. Recuerda años atrás, unos 25 años atrás, cuando tocaron en Club América. Comienza a sonar “Que tal” a los pocos segundos cortan el tema y comienzan a reírse, “25 años después nos seguimos equivocando” explica humildemente y aclara que seguía otra canción.

Pronto interpretan “Tomando mates en la paz” al terminar esta continúan con “Que tal”. Durante todo el recital los músicos brillan, cada se sumerge en su instrumento y da todo de si, en esta canción Diego tiene su gran momento, las luces lo iluminan, las miradas van hacia él y toca haciendo bailar sus dedos de forma impecable. Para cuando termina todos aplauden emocionados y él devuelve una reverencia. Ocurre lo mismo luego con el baterista, Ciavarella, cuya potencia y esa fuerza extraordinaria deja a todos admirados.

“Dedicada a todos sus perros” lanza Mollo e interpretan “Perro funk” y “Camaron”. Posteriormente se sientan para hacer algunos de los grandes clásicos de la banda: “Ortega y gases” y “Spaghetti del rock”. La gente baja un poco los decibeles, dejan el pogo para después, se detienen, observan y cantan, con gran emoción, los temas. Aparece el invitado de la noche, Diego Florentin, el vocalista lo presenta y luego agrega, casi con ternura, “Cuantos pequeñuelos habrán cantado esta canción hace 25 años”, tocan “Pepe lui”.

El público aprovecha cada corte para alentar a la banda y canta “Escúchenlo, escúchenlo, la aplanadora del Rock and roll es Divididos”. Siguen con “Alma budín”, “Pasiones zurdas derechas” y “Hombre en U”. Más adelante sube la fiebre eufórica con “Sucio y desprolijo”.

Luego aparece una de esas cancines que erizan la piel y estremeció a todas las personas dentro de Club Brown, “Amapola del 66”. Por primera vez, las luces de colores dejan de estar sobre los músicos para ir más allá del escenario donde parece un mar de personas violeta y verde. Agunos extienden  banderas sobre ellos y al final de la canción sobre el escenario Ricardo y Diego muestran una bandera argentina que tiene escrito Divididos, cosa que parece agradarles “Hay que reivindicar lo nuestro” dice el cantante. Entre otras canciones, vendría el turno de una de esos temas que suenan en todos lados y todos conocen: “Ala delta”, canción que enloquece a la gente y hace reaparecer un gran pogo en el centro.

Después de tres horas, el recital va llegando a su fin y Mollo exclama: “Gracias por recibirnos acá, siempre vamos al Anfi pero la única forma de venir en invierno es tocando en un lugar con techito” y todos ríen. Más tarde, al finalizar el recital, uno de los tantos seguidores de la banda me comenta: “Cada uno de la banda es una bestia y cada show sorprenden más con tanto talento y poder. Tenía algo de incertidumbre por el lugar, pero sonó bien".

Prosiguen con canciones de Sumo “El ojo blindado” combinado con “Banderitas y globos” para ir despidiendose. Llegaría el gran final y le preguntan al público qué quieren escuchar e instantáneamente gritan todos a la par “Crua chan”. Así, se despiden de Rosario prometiendo volver pronto.

La avenida fría y solitaria se puebla. Otra vez el movimiento, los bocinazos, los gritos, un gran número de gente satisfecha se mueve por la zona. La aplanadora volvió a hacer su magia y dejó a todos realmente complacidos y contentos.


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