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Shows | Mar, 30 de Sep de 2014

Divididos arrasó en su primer Club Brown

Sábado 27 de septiembre de 2014 - Club Brown

Por Pablo Alfonso

¿Qué ves cuando me ves?

El fanatismo no entiende, ni entenderá nunca, de racionalidad. Quitémosle cualquier razonamiento lógico a algo comprendido por la pasión, porque está muy lejos de eso. Entendiéndolo así, se puede empezar a decir algo sobre la doppietta de Divididos este último fin de semana en Club Brown. 

Pensar una doble fecha a pocos meses de copar el Anfiteatro parecería una apuesta jugada, sin tener en cuenta la banda de la cual hablamos. Y voy a hacerlo más complicado para quien escribe: hacer una nota sobre lo que pasó viernes y sábado, también. Pero no por el relato de una simple crónica, sino por tratar de no repetir lo que siempre se dice y teniendo en cuenta todo lo que ya se dijo alguna vez. Lo que parece sencillo, a veces no es tan así. Cuando llega un mail ofreciéndote la posibilidad de ir a cubrir una banda, se piensa en todo eso, aunque parezca un razonamiento medio sinsentido. 

Ahora, ¿quién puede decirle “no” a Divididos? Claramente, yo no. Porque la sola presencia de la banda en la zona siempre me produjo ganas de ir a verlos. Descubrir semejante trío en un lugar como Sportivo América, allá por los 90, cambió la percepción de lo que entendía por sonido power, en vivo, hasta ese momento. De ahí en más: “Che, viene Divididos, vamos”, provocando una asistencia casi perfecta de quien escribe, por no decir casi obligatoria. 

Después fueron pasando varios recitales, distintos lugares y muchos años hasta que se acomodaron en el Anfiteatro casi como su lugar natural. En el medio, uno empieza a absorber todo lo que significa la banda y a notar cómo cada detalle, que en algún momento pasaba desapercibido, de un momento a otro pasa a ser importante. Es como un viejo capítulo de Los Simpsons, que ya miraste mil veces, pero cuando lo volvés a ver encontrás un nuevo chiste que no habías descubierto. Y vuelvo a repetirme, hasta en la mención de los amigos de Matt, porque es ahí donde llego antes de empezar a contar lo que ya muchos imaginan qué pasó. 

Al día de hoy, Club Brown aparece como un oasis en medio de tanta escasez de lugares y espacios para el rock y les dice a los Divididos: siéntanse cómodos. Bajo techo, ante un gran marco de público en los dos días, Mollo, Arnedo y Ciavarella se lucieron desplegando más de dos horas de música en vivo, arrollando con todo a su paso. 

El comienzo fue sinónimo de sorpresa de la mano de “Los sueños y las guerras”, que dio paso a una clase de slap en “Azulejo”, “Salir a asustar” y “Que tal”, entre los que eligieron para arrancar con todo sobre las tablas. Tomando lo hecho en los dos días, las variantes en la lista fueron apenas algunas pocas ya que el viernes apareció un “Sobrio a las piñas”, mientras que el sábado jugaron con “Paraguay” sobre el cierre. Los demás, temas que últimamente no pueden quedarse afuera (“Mantecoso”, “Hombre en U” y “Perro funk”, por citar algunos) y otros que nos traen a la mente el recuerdo inolvidable de lo que fueron (“Haciendo cosas raras…” y “Rasputín”). 

Pero hubo también espacio para momentos emotivos. El viernes, en un impasse de música, partieron el show al medio y, sentidas palabras mediante, los tres se pusieron a disposición de la campaña Necesito verte hoy, con todo lo que eso implica. Mientras, el sábado se llenó de aplausos en la dedicatoria al Negro García López: “Vamos a hacer un par de canciones que sabemos que te gustaban”, para darle pie a “Moby Dick” de Zeppelin, que desencadenó en “Sucio y desprolijo”, como si fuera naturalmente lógico. 

Si bien desde2010 aesta parte no hay material nuevo, algunas reversiones o arreglos hacen que los temas suenen distintos, renovados; como en el caso del mix de “La rubia tarada” y “Disco baby disco” que encajan casi perfectamente y parecerían formar parte de uno solo; el final de “Paisano…” y su ya infaltable yeite sureño, los guiños permanentes a las influencias (“Red house” matizando “Sábado”, “Little wing” como intro de “Pepe Lui”, “Whole lotta love” antes de hacer sonar “El38”) y, promediando el set list, el infaltable combo que permite bajar un par de cambios. 

Para abandonar la ciudad, y con la promesa de “Volver a vernos en un lugar al aire libre”, no podía faltar “Ala delta”, aunque esta vez “Vientito del Tucumán” se mezcló en la lírica y se acomodó con una naturalidad poco usual para un cierre a puro volumen. 

Dos noches. Más de dos horas de música. Sumemos, son más de 4 horas del sonido Divididos. Evitar repetirse en estas líneas pasa a ser un desafío, pero también es imposible negarse a ir. De la duda en estar ahí como un simple cronista, a ser uno más de los tantos que se llevan la música como un aporte a la persona que somos en el presente, no hay mucha distancia. Los pedidos de algo nuevo se darán oportunamente, como siempre, y llegarán cuando menos lo esperemos. Mientras tanto, dejemos que nos llenen con todo lo que tienen acumulado, que no es poco, para volver a estar ahí cuando suenen en algún lugar de la ciudad. Es que Divididos no es sólo su música, es también las influencias al alcance de la mano, y la posible puerta de entrada a un universo musical gigante. Por lo menos, a mí me generaron eso y las gracias serán totales. Como si fuera poco…

Fotos por:
Gastón Valdez
Hombre, 118 años
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