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Shows | Mar, 15 de May de 2012

El otro yo - Loquero Distorsión y adrenalina


Sábado 12 de mayo - Willie Dixon

Después de una larga espera de dos años, El otro yo regresó a Rosario para tocar en el local de Suipacha y Güemes, en el marco de una gira nacional que comparte con los históricos Loquero. La expectativa se hacia notar en el público, tanto en los adolescentes (posiblemente muchos presenciarían su primer show en vivo de los de Temperley) mientras que otros de la vieja escuela ansiaban recordar los clásicos de los 90 así como la versión 2012 del sonido otroyoiano.

No es habitual que se junten tantos protagonistas del prolífico under musical de los 90 en una sola noche, dos ex Brujos (banda precursora e iniciadora del movimiento sónico que aún próspera en muchas salas de ensayo de toda la Argentina), los mismísimos hermanos Aldana y la excelente dupla compositiva formada por Chari y Yamandu (cantante y guitarrista de Loquero respectivamente).

Con el Dixon a medias de su capacidad, Loquero comenzó a calentar un poco la atmósfera de una fría noche de sábado con una vertiginosa versión de “Ansiedad”, seguida de “Épico” y la melancólica “Check to me”. Abajo del escenario decenas de personas sintonizaban con estos próceres del punk rock, se sacudían en un inofensivo pero entretenido pogo generado en gran medida por pequeñas féminas, aspecto algo inusual en recitales punkis. Loquero ofrece historias musicales cortas pero intensas, se suceden “Barrio niebla”, “No se, Frio”, “Guárdame”, mientras el lugar se va llenando de gente que prefiere en su mayoría escuchar una banda que parece no conocer, y los menos saltar y cantar en cada tema.

De sus últimos capítulos musicales suenan “Ana”, “The Vegan show”, “Rolinga”, la lista propone un viaje hacia Temor morboso, Fantasy y Club de solos, sus primeros discos. Loquero conserva intacto un sonido único de los 90 que proviene de la polifacética guitarra de Yamandu, lo demuestra cuando se queda solo en el escenario con Chari para realizar “Peinala”, “Quisiera” y los primeros acordes de “Papi” que terminan en una electrizante versión.

Promedian los últimos temas y surge un recuerdo entrañable para su amigo Ricky Espinosa, homenajeado con la canción “Nadie”. Chari recorre el escenario del Dixon y teatraliza las letras de Chocolate, De la ruta (dedicada a sus compañeros de ruta de siempre: Fun People, 2 minutos, Flema y El Otro Yo) y comienzan a despedirse con la emblemática “Gosht in the f.o.r.a.”, en el cual la gente estalla de fervor, grita ironizando “hoy hay show” en “Show bizz” y desaparecen tras el desenfreno de “Cuidacoches”.

Multiplicada la cantidad de personas con respecto a poco tiempo atrás, era indudable que El otro yo atraía a la masa presente. Cerca de las 2 de la mañana, previo a una oscuridad casi total en el escenario, embanderado con un logo gigante de la banda, un sintetizador larga la secuencia inicial de “Hoy aprendí” y se ilumina completamente el recinto así como la sonrisa de la gente que se reencuentra con ellos.Todos se contagian de la energía del otro y el virus musical provoca un baile respetuoso, incluso naif, sin violencia y mucho de diversión sana entre chicos y chicas (que siguen siendo mayoría al momento del agite). Descargan “Viajero” y “Siberiano” para que todos canten y detienen la marcha presentando temas del próximo disco.

Lejos de ese salvajismo adolescente de sus comienzos El otro yo programa un show en el que la voz de Maria Fernanda sirve para que su hermano dosifique la energía, entonces explotan “10.000.000”, “Moquiento” o “Crazy”.

El Dixon se transforma en el caldero del diablo cuando a pedido del público suena la nirvanesca “Corta el pasto”. A diferencia de otras veces, los músicos se ven a gusto y de buen humor y sobretodo con ganas de que la gente disfrute, por eso Cristian abandona su guitarra y canta la explicita “69” revolcándose al limite del escenario, unificado con el publico que lo recibe con los brazos en alto en su intento de mosh. Quieren despedirse con los decibeles al máximo y eligen “El zumbido”, “No me importa morir” y “Alegría” para saludar definitivamente a sus seguidores con una extensa “Canción del adiós” y la promesa de una visita próxima en poco tiempo para presentar un disco nuevo.

Gran recital, las caras al final de la jornada lo demuestran, la felicidad entremezclada con el cansancio después de tanto saltar y gritar, dos bandas poderosas estrechamente comunicadas con sus públicos dejaron al sensación de que la herencia de los años 90, esa forma de expresar descontentos y alegrías, perdura con el paso del tiempo. 

 

 

 

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