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Shows | Mie, 4 de Abr de 2007

Jinetes - Aguas Tónicas Crónica de un final inesperado.


Miércoles por la noche, después de las 24 hs. empieza Semana Santa, preciosa excusa católica que los no católicos tanto disfrutan por no tener que ir a trabajar, al menos por la tarde ya que de mañana ninguna oveja puede escapar al buen pastor. La propuesta está hecha desde hace una semana: "Jinetes del Extasis, Aguas Tónicas, Insoluble... 4 de Abril, 22 hs., en El Sótano". Si se lo comparase con una mano de truco no estaría de más pensar que con las dos primeras cartas el envido se encuentra asegurado. Solamente restaría saber si la tercera, oriunda de San Lorenzo, tiene el peso suficiente para ganar ante un retruque obligado.
Son cerca de las 23:30 y en la puerta del lugar solamente se pueden observar a dos personas: uno parado cuidando la entrada y el otro dándole charla. De fondo se escuchan las guitarras de Aguas Tónicas. "Che... ¿ya empezó el recital?", pregunta este cronista, mientras piensa en el sonido impiadoso del despertador cuando den las ocho, a lo que enseguida le responden: "todavía ni abrimos; siguen probando sonido".
Si a Palermo, delantero de Boca Juniors, se lo conoce como un "optimista del gol" a quien escribe estas líneas habría que definirlo como un "optimista del horario", un obstinado creyente del "estoy llegando tarde", cuando en realidad sabe que eso es prácticamente imposible si de un recital se trata.
Con esta aseveración completamente asumida, y tras una breve charla con el "amigo" de la puerta, quien relata, logra pasar y descender por el subsuelo de Mitre al 700. Debajo el panorama es extraño, algo desolador y por sobre todas las cosas, tranquilo. Las voces curtidas en vaya a saber uno cuantas noches de alcohol, cigarrillos y soles furiosos de mañanas domingueras se entrecruzan latosas y rechinantes entre quien maneja la consola y aquel que chequea que los equipos respondan.
Maru, guitarrista y voz de Aguas Tónicas, hace señas de inconformidad con respecto al volumen del retorno, o algo por el estilo, a los pocos segundos se observa su pulgar en alto y minutos después, problema resuelto. Todavía falta que pase Insolubles.
La medianoche está cerca y la prueba de sonido del cuarteto llegado desde San Lorenzo parece estar llegando a su fin. Sonrisas, detalles que se solucionan rápido, caras de concordancia, el apuro se hace notar en el aire y da la pauta de que el lugar va a abrir sus puertas a la brevedad, sí o sí.
Las cervezas corren implacables como las agujas del reloj (a las ocho no te salva nadie, sabes que el despertador va a sonar igual y que la oficina no va a desaparecer), conversaciones ruidosas de voces apuradas, cigarrillos en la mesa y se suman dos personas más a la tertulia previa. Estamos a unas cuadras del lugar y ahora empieza a preocuparme el hecho de llegar tarde, una total paradoja si se tiene en cuenta como arranca esta crónica.
Nuevamente bajo tierra (te quedan siete horas de sueño, estás al horno), ahora el panorama es distinto, hay gente y no son pocos. La cerveza vuelve a correr rabiosa, esta vez, dentro del subsuelo. El número de mujeres, bonitas por cierto, reconforta pero no sorprende, el sonido de estas bandas siempre ha atraído este tipo de criaturas exquisitas.
Insolubles se hace cargo de abrir la cuenta regresiva y descarga su sonido entrelazando influencias de un rock noventoso con sutiles toques de un ñu metal más actual. El wah-wah se hace sentir, acompañando a la voz de su cantante -que seguramente en sus días de adolescente debió quedar eclipsado ante un tal Mike Patton- quien reclama viejos anhelos, sueños perdidos y búsquedas inciertas. El bajo persigue el golpeteo incesante de una batería criteriosa, marcando un ritmo zigzagueante entre canciones vibrantes y melodías tranquilas. Sobre estas premisas y ante un público atento, pasa la media hora de show que promociona el primer disco de los sanlorenzinos: Queriendo Seguir.
Suena la campana que anuncia el segundo round. Sobre las tablas: Aguas Tónicas. No hay tiempo, me ubico cerca al escenario con la cerveza en mano y con un amigo perdido vaya a saber donde.
La guitarra de Maru tira los primeros golpes que se hacen sentir suaves, como probando al adversario. Enseguida, los demás se van incorporando de forma pausada generando las primeras combinaciones de sonidos. El adversario espera.
Los golpes suben en intensidad al igual que los riffs de guitarra y la voz sólo se hace presente en forma esporádica; detrás del escenario las imágenes se suceden en un fondo blanco que refleja campos sembrados, cruzados por rutas con camiones cargueros mientras cae la tarde. El bajo del Gato aclara las bases mientras Santo mide quirúrgicamente cada golpe sobre la batería; Maru y Jorge deliran sobre efectos de viola y punteos razantes.
Atrás quedaron las canciones de su disco debut, que tantos frutos les han hecho recoger a largo de todo el 2006. Lo presentado en esta ocasión pone de manifiesto el amor por el instrumento, por el sonido. Las canciones que transcurren a lo largo de la presentación, dan la impresión de estar sostenidas en un profundo compromiso con lo musical y desde una experimentación mucho mayor que en lo realizado hasta ahora.
Se pone de manifiesto una variante del rock forjado décadas atrás, de consistencia espesa y bien definida; donde la cuestión instrumental tiene un peso vital, logrando un efecto de total atención en quien los escucha y puesto de manifiesto sobre la audiencia en su paso por el ring.
Suena la campana por última vez, el interés por el horario se perdió hace media hora (ya no hay vuelta atrás, voy a llegar tarde al trabajo, la cara se me va a partir en pedazos y lo asumo victorioso), lo que no desapareció es el vaso de cerveza y la curiosidad que me despierta ver a Jinetes del Extasis tocando por primera vez en el año.
"Crash" y "High", son de las primeras canciones en hacerse oír, mientras imágenes de chicas sensuales y colores ochentosos se suceden ilustrando lo que irradian los parlantes. La intensidad se apodera rápidamente de la banda; Franco, su frontman, se hace eco de la misma a través del movimiento implacable de su cuerpo mientras que los decibeles no paran de aumentar.
Luego vendrá el tiempo de "Guns & Values" y "Only". La propuesta de Jinetes es asimilable al rock glam de los 80’s, influenciada por los sonidos de bandas tales como: Motley Crüe, Guns & Roses o Velvet Revolver.
Pero no sería justo quedarse sólo en lo musical ya que la cuestión estética y la preocupación por lo que debe ser un "show" también se hace notar en cada una de las siete presentaciones que lleva la banda hasta el momento.
Son cerca de las cuatro de la mañana, no tengo más cerveza, estoy parado en la puerta de El Sótano y en la calle no hay nadie. En cuatro horas tengo que levantarme (me agarro la cabeza). Si tan sólo hubiera sabido, si tan sólo me hubiese imaginado que era mi último día en el trabajo, me hubiera quedado durmiendo en vez de haberme preocupado toda la noche por tener que levantarme a las ocho de la mañana un jueves santo.
Pero no sabía, si no hasta el lunes que fue cuando mi jefe vino hasta mi computadora, me dio una palmadita en la espalda me contó un hecho gracioso y me pidió gentilmente que lo acompañase hasta su oficina. Ahí me puso su mejor cara de poker, me dio las gracias por lo servicios prestados, me extendió la mano y me dijo hasta luego.
Si tan sólo hubiera sabido. Me habría quedado durmiendo y el tiempo que tardé en escribir estas líneas no habría sido tan largo.

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