Registrarme
Shows | Vie, 3 de Mar de 2017

Otro referente histórico del rock pasó por Rosario

 

Miércoles 1 de marzo de 2017 - Teatro El Círculo


Carl Palmer, legendario baterista de Emerson, Lake and Palmer, y referente de la historia grande del rock, visitó nuestra ciudad por primera vez en el Teatro el Circulo.  La cita estuvo enmarcada por un numeroso público que no quiso perderse la oportunidad de ver a uno de los músicos más prestigiosos del rock sinfónico/progresivo. La excusa fue homenajear a sus ex compañeros Keith Emerson y Greg Lake con un exquisito concierto totalmente acorde a la trayectoria de la emblemática banda inglesa.

Fue un re-encuentro con el pasado. Un viaje en pretérito para disfrutar, en el presente, lo que permanecerá consolidado en la memoria. Palmer reconquistó los viejos corazones sinfónicos que entendieron que estaban frente a una leyenda, símbolo del rock ingles, que marcó para siempre el devenir del género y la música en general. Por eso la amplia convocatoria incluyo jóvenes sub 25 en adelante. Diferencia de edades que abarcó generaciones de padres hijos y seguramente algún abuelo rockero dando vueltas pero que se unieron en un misma ovación.

Repasemos algunos datos. Carl Palmer llegó a su máximo esplendor al integrar una banda como Emerson, Lake and Palmer (1970). El power trio lanzó discos emblemas como su homónimo, “Tarkus” o “Trilogy”, por mencionar algunos. Eran tiempos de máximo esplendor del rock sinfónico y progresivo donde ELP eran los referentes indiscutidos. El público más adulto recordará que en revistas de la época era muy común que músicos de todo el mundo (sin exagerar) a la hora de votar a los mejores de aquel entonces, el baterista, el tecladista (Emerson) y el bajista-cantante (Lake), lideraban todos los ranking.

Palmer integra el tándem de bateristas como John Bonham (Led Zeppelin), Ginger Baker (Cream), Ian Piace (Deep Purple), Cozy Powell (Jeff Beck), entre otros. Fue integrante del grupo Asia donde convivían integrantes de Yes, King Crimson y Buggles. En aquel entonces el rock sinfónico conquistaba los blandos corazones de rockeros demandantes de mucha música. No sabemos si querían cambiar el mundo, pero lo cierto es que se lo apropiaron por un rato dedicando su vida a componer bellísimas composiciones (y muy potentes, claro). Lo que vino después, llegando a los 80, es harto conocido: la ansiedad capitalista, la voracidad del tiempo, demandó que ya no había tiempo para apreciar canciones de veinte minutos y el formato canción (estrofa, estribillo, solo de algún instrumento, estrofa, estribillo) se impuso hasta nuestros días. No es un juicio de valor pero es lo que medianamente sucedió en la historia grande de la música.

 

 

Pero volvamos al concierto del miércoles. El primer dato a resaltar es el de los músicos que lo acompañan en esta gira: Paul Bielatowicz y Simon Fitzpatrick, guitarra y bajo respectivamente. Dos jóvenes talentosísimos que dieron que hablar. El primero reemplazó todo el trabajo de los teclados y la voz desde las seis cuerdas. El segundo hizo de “Greg Lake” con un bajo de seis cuerdas y cada tanto un Stick guitar (guitarra-bajo que requiere de la técnica Tapping, pulsar sobre los trastes del instrumento). Ambos son claves en el desarrollo del concierto.

Segundo dato: la energía intacta del baterista. Siempre de buen humor, hablador con el público y por momentos emocionado de lo que estaban ejecutando. El vuelo espacial que derivaron de piezas como “Trilogy”, “América” (de The Nice) o “Jerusalem” fueron notables. Cada golpe del baterista eran durísimas emisiones de sonidos, que hacían mover de los asientos a cualquiera (no es una exageración). Una fuerza impresionante, propia del nivel del músico que sigue siendo aquel joven que conquistó países desde su batería, con una felicidad propia de quien disfruta y está orgulloso de todo su trabajo artístico.

Tercer dato: la banda era una orquesta sinfónica de solo tres músicos. Quien cerrara los ojos escucharía sonidos, armonías, melodías por doquier. La furia y esencia de ELP, intacta, versión Siglo XXI. La bienvenida fue con “Hoedown” y “Peter Gunn” para impresionar de entrada y no parar. Temas emblemáticos de Emerson no faltaron como “Welcome Back my friends to the show that never ends”, “Barbarian” y “Lucky man”.  Son piezas difíciles de describir con palabras pero que cuentan con una combinación justa de sonidos bellos y la rabiosa furiosa de los setenta.  Esa prueba setentista quedó demostrada en temas como “Pictures at an Exhibition”, la versión de “Carmina Burana” y  la que hizo delirar de locura a los presentes: “Fanfare for the Commom Man”. La sorpresa vino con “21st century schizoid man” de King Crimson (en homenaje a la bella voz de Lake). Insistimos nuevamente con la potencialidad con que golpeaba a esa batería de pocos cuerpos  (los justos y necesarios) y no más de cuatro juego de platos. Palmer sabe cómo elevar cada corte, sabe dar el golpe preciso, en seco o profundo en cada compás de composiciones extensas.

El baterista sabe que está en un momento especial. Sus viejos amigos de ruta fueron dejando este mundo hace no mucho tiempo. Quizás por eso se lo vio entre emocionado y feliz de poder difundir esa música que tanto marcó a generaciones enteras. Los más viejos estaban como querían, viendo una película que nunca pensaron ver. Los más jóvenes conociendo o despertando nostalgias de un pasado sinfónico que atesoran en su memoria. Nada mejor para el legado de ELP que seguir tocando y difundiendo todo lo que fueron capaz de hacer estos otrora jóvenes en la plenitud del rock mundial de los setenta. El mejor homenaje a Keith Emerson y Greg Lake hecho por Carl Palmer, ni más ni menos. 

 

 

Escrito por:
José Luis Morelli
Hombre, 27 años
  • Comentá usando facebook ()
  • Comentá usando RR (0)
Usuarios a los que les gusta el artículo