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Shows | Vie, 13 de Abr de 2007

Almafuerte Sólo música, buena onda y un show que deja en claro el por qué de Almafuerte como ícono.


Una larguísima cola acechaba la entrada del local de Suipacha y Güemes. Cientos de remeras negras mitigaban la espera con una cerveza conseguida en algún kiosco cercano.
La propuesta era fuerte. La banda más convocante del heavy nacional volvía a nuestra ciudad para presentar oficialmente su CD número 11 (séptimo de estudio y onceavo de su carrera), un disco mucho más rockero a lo que nos tienen acostumbrados, y una formación afianzada.
El lugar estaba repleto, demostrando así la convocatoria sin censura que mezcla adolescentes, jóvenes y adultos. Algunos seguidores desde aquella banda que marcó un antes y un después en la historia de metaleros pesados argentinos como fue V8 (junto con Riff). Otros que se insertaron en la movida con la sucesora Hermética. Y los más que directamente comenzaron a escuchar Almafuerte allá por el año ’95 cuando Mundo Guanaco marcaba la nueva propuesta de uno de los grandes íconos (guste o no) de nuestro rock.
Almafuerte, una topadora que circula en sentido contrario por las angostas (pero interminables) calles de la música nacional. "Desde San Justo para todo el país" se fueron abriendo paso para llegar a la cúspide y mantenerse siempre ahí arriba, inconstantes por momentos, pero firmes en su postura y pensamiento. Lejos de los grandes estadios y las conocidas discográficas, afianzaron su sonido duro en un perfil alto o bajo, de acuerdo a cómo se lo mire.
La buena onda disparada desde todos los sectores presagiaba un gran show que mostraría una nueva faceta con un disco mucho más rockero y muchas letras de "amor" definido por el propio Iorio como "el tiempo que uno invierte en hacer lo que realmente quiere, pareciera que amor es únicamente tener sexo o tener una novia" y vaya si vale la pena luchar por eso.
Un escenario sencillo, con una bandera que reflejaba la tapa de su último disco, esperaba la salida de estos luchadores del heavy. Exactamente a las cero horas se escucharon los primeros acordes de guitarra, pronunciados por el inefable "Tano" Marciello, que dieron paso a "Pensando en llegar" con coros ensordecedores de parte del público y una ovación al final al ritmo del tradicional: "Iorio es lo más grande del heavy nacional". El segundo tema fue "Patria al hombro" produciéndose una marea de manos que podían apreciarse desde lo alto y que tentaban realmente a estar ahí abajo.
Siguieron con "Yo traigo la semilla", mostrando a un Marciello inspiradísimo, apoyado más en lo empírico que en diplomas. El "Tano" demuestra por qué es tan respetado en el ambiente en cada presentación en vivo. Dueño de una técnica impresionante, por momento hizo que todas las miradas se posen en él con sus demoledores punteos.
A la brevedad llegó un tema que casi nunca falta en sus recitales: "El visitante"; fue pogueado y cantado hasta más no poder, con una comunicación excelente entre banda y público que gritó con ganas "Argentina, Argentina", demostrando su repudio a la ocupación inglesa de nuestras Islas Malvinas.
Toro y pampa mostró las melodías más rockeras de su último disco ("para animarte y darte aliento")y después vendría la explosión de la mano de "Homenaje" para lograr esa mezcla siempre triunfadora de temas nuevos y clásicos. Seguiría uno más viejito que hizo temblar las paredes del lugar, "Triunfo" sacudió los corazones y "Convide rutero" dio un descanso a los cuerpos transpirados pero no a las gargantas, que a esta altura no existía líquido que mitigue su ardor.
"Vencer el tiempo" y "La máquina de picar carne" pusieron de manifiesto -por los coros y saltos- que el último disco tuvo una buena aceptación, probablemente mayor que sus últimos dos de estudio (Piedra libre y Ultimando).
En la mitad del recital, Iorio se tomó un descanso y el micrófono quedó a cargo de Marciello, que si bien no es dueño de una gran voz logró que el "Tano, Tano" se desprenda desde todos los rincones. "Adelante", un instrumental y "Vengo" (de su disco solista De Pie) fue el mini repertorio que ofreció la banda con el guitarrista como voz líder.
Pasaron "De la escuelita", "Unas estrofas más", "Debes saberlo" y "Donde está mi corazón" despidiéndose de los temas de Toro y Pampa.
Quedaba lugar sólo para clásicos y concluir así una noche increíble, donde seguramente los que estuvieron allí no la olvidarán fácilmente.
"Del más allá" consiguió poner a mil los espíritus criollos y el recital llegó a la cúspide con "El pibe tigre" gritado como nunca y con un sonido desgarrador.
Parece que a Iorio y compañía les gustó tanto el público rosarino que no quisieron bajarse y como obsequio a tanto afecto cerraron con "Almafuerte" y "A vos amigo" en poco menos de dos horas de show.
Eso fue todo. No hubo insultos desmedidos, ni comentarios racistas. Sólo música, buena onda y la reivindicación de que Almafuerte es (por lejos) la banda más convocante de la música pesada de este país.

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